En mis pesadillas, hay un dragón. Aunque no siempre lo fue. En su interior manda el instinto. Apenas queda rastro de lo que un día fue. Al rayar el alba, despliega sus alas y abandona el acantilado donde se encuentra su refugio. Como cada día, el cielo es plomizo, y los rayos de sol apenas besan la corta hierba. El batir de sus alas lo eleva. Sus ojos le muestran un prado cada vez más yermo, y pequeñas figuras, que se estremecen y comienzan a correr al divisar su sombra. Se esconden en estructuras, a las que llaman casas y se creen a salvo. Al sobrevolar el castillo, las flechas buscan su cuerpo. Las ignora mientras rebotan sobre su piel. Traza círculos amplios, y emprende el descenso. La misma figura de siempre lo observa, todos los soldados llevan casco y se agachan cuando el dragón pasa rozando las almenas del castillo, ella no lo hace. Su melena se agita con la ráfaga de aire, se retira el cabello de la cara, sigue observando el vuelo del dragón y como captura a su presa. El instin...