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Alas.

 
    Refugiada en tus silencios escrutas mis gestos, mis miradas, y aunque tus besos aprueban la batalla, no dices nada.


    Después te observo desde una prudente distancia, intentando identificar las señales, memorizar las curvas, esculpir el tacto de tu piel sobre mi perdida calma.


    Recorro en bucle el tiempo que hace que llegaste, y mido en nanosegundos el que nos queda antes que nuestro momento acabe.


    Y finalmente recuerdo, que desde la primera noche que dediqué a contar los lunares de tu espalda, cuando intento resumirte con palabras, nunca olvido describir primero tus alas.





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